Eagle
American Diplomacy
Commentary and Analysis

February 1999

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“Se creyó una inédita coyuntura internacional.
La Argentina y los Estados Unidos tenían simultáneamente un adversario común.”

Editor’s Comment — Especially for American Diplomacy , Ambassador Sanz has drawn from his study with the same title published in 1998*, to provide this brief summary of his research. The little-remembered Baltimore incident provides the setting for an intriguing case study in the conduct of diplomacy. The author has served as Argentina’s envoy to four countries and undersecretary for foreign affairs during his distinguished career.

Una contribución al esclarecimiento
de la actitud Argentina

Por Luis Santiago Sanz

En 1891 ocurrió un incidente en el puerto de Valparaíso que condujo a una delicada crisis internacional la que amenazó culminar en un conflicto armado entre los Estados Unidos de América y Chile. Como consecuencia de la dinámica que asumió, el hecho la República Argentina y el Perú quedaron involucrados en la trama del grave suceso.

El 16 de octubre de ese año se traban en una lucha generalizada súbditos chilenos con un grupo de tripulantes del crucero USS Baltimore que habían descendido a tierra en uso de licencia. Hubo numerosos heridos y murieron dos marinos de la nave de guerra.

Las informaciones recibidas por el gobierno en Washington indicaban como motivo real del enfrentamiento la animadversión que existía contra los Estados Unidos a causa de la posición que había adoptado al estallar la guerra civil en Chile.

El Presidente Benjamin Harrison decidió intervenir en forma directa en el manejo politico de la sltuación. La ausencia por enfermedad del influyente Secretario de Estado James G. Blaine, facilitó sus deseos de introducir cambios en el Departamento de Estado que se ajustaban más a su pensamiento orientado a la aplicación de una línea enérgica en el caso chileno. William F. Wharton en su carácter de acting secretary quedó a cargo del Departamento y John W. Foster, que gozaba de la intimidad del Presidente, asumió, desde una posición extraoficial, un importante rol de asesoramiento.

Un cable ordenado por Harrison, concebido en términos severos, dispuso que el Ministro en Chile, Patrick Egan, protestara por lo ocurrido en Valparaíso, señalando que el suceso constituía un hecho grave, no sólo por los víctimas que ocasionó, sino por constituir una expresión de enemistad hacia los Estados Unidos, actitud que dejaba en peligro las relaciones entre ambos países. La respuesta del Ministro de Relaciones Exteriores de Chile fue de rechazo a las apreciaciones y exigencias contenidas en la nota del gobierno de Ios Estados Unidos. Una contención dipIomática quedó asi establecida.

Secretario de Estado
James G. Blaine
Al retomar sus funciones Blaine procuró, sin éxito, revertir la politica dura aplicada por Harrison. El Presidente, en un mensaje dirigido al Congreso, calificó al episodio ocurrido en Valparaíso como ataque salvaje y brutal, cuyos orígenes se encontraban en la hostilidad hacia marinos que vestían el uniforme de los Estados Unidos. Las expresiones de ese mensaje y las contenidas en el que trasmitió el Secretario de Marina Benjamin Franklin Tracy, fueron recibidas con irritación por el gobierno chileno. El Ministro de Relaciones Exteriores Manuel A. Matta formuló ásperos comentarios. Afirmó que no había ni exactitud ni lealtad en lo que se decía en Washington. Al tomar estado público, por disposición del Ministro, sus expresiones aumentó el nivel del conflicto que entró así en su fase crítica.

Canciller Chhileno
Manuel A. Matta
La situación encontraba a los Estados Unidos en un momento de su historia en que la percepción de su creciente poderío tenía nítido reflejo en el enunciado del Destino Manifiesto. La sensación de poder y la fuerza expansiva que le es conexa llevó a tomar conciencia de la importancia que asume el dominio del mar, según lo había demostrado Alfred Thayer Mahan, en un brillante desarrollo, en su obra The Influence of Sea Power upon History, 1660-1783. El episodio acaecido en Valparaíso ofrecía una magnífica oportunidad al Secretario Tracy para justificar la necesidad de expandir la fuerza naval y reemplazar la idea que asignaba a la flota la tarea de defensa costera por una más vasta que le atribuye unamisión de control estratégico.

Intensos preparativos se inician en los Estados Unidos para preparar una eventual intervención con el medio militar, ante lo que se estimó como un agravio al prestigio de la Unión y su gobierno por parte de Chile. Un utimatum fue remitido a sus autoridades. Ante la gravedad de la amenaza se produjo un cambio drástico en la política chilena. El Ministro de Relaciones Exteriores renunció y fue reemplazado por Luis Pereira Cotapos. Una nota oficial de la cancillería de Chile refleja la nueva actitud adoptada bajo la presión de los hechos. En ella se condenan los sucesos ocurridos en el puerto de Valparaíso y se ofrecen las más amplias excusas y satisfacciones a las demandas de los Estados Unidos. El President Harrison dio por cerrado el episodio.

La tensión que habia existido entre el gobierno de Washington y el chileno coincide con un agravamiento de las relaciones entre la Argentina y Chile. En esos días los problemas de límites se manifiesta con crudeza. Se produce una seria diferencia interpretativa entre los peritos encargados de demarcar la frontera de acuerdo al Tratado vigente entre ambos paises. Se creyó una inédita coyuntura internacional. La Argentina y los Estados Unidos tenían simultáneamente un adversario común. Esta situación abrió paso a conjeturas y presunciones que se divulgan con intenciones políticas subyacentes.

Canciller argentino
Estanislao Zeballos
Se especuló sobre una decisión del Ministro de Relaciones Exteriores de la Argentina Estanislao S. Zeballos de apoyar a los Estados Unidos en caso de estallar una guerra contra Chile. Un cable dirigido por el representante acreditado por el gobierno de Washington en Buenos Aires, John G. Pitkin, informa que en el curso de una conversación con el ministro Zeballos, éste le ofreció apoyo moral y le comunicó datos sobre los armamentos chilenos.

En conexión con esta versión se mencionan gestiones, que se atribuyen al Ministro Plenipotenciario argentino Vicente G. Quesada nombrado ante el gobierno de los Estado Unidos. Según esas referencias habría ofrecido el libre paso de tropas norteamericanas por territorio argentino para atacar a Chile e incluso se difundió que había propuesto una alianza ofensiva y defensiva al Secretario de Estado Blaine.

Estas aseveraciones reiteradas en artículos, monografías y libros, fueron puestas en duda por algunos historiadores. Fredrick B. Pike (Chile and the United States, 1880-1962, The Emergence of Chile’s Social Crisis and the Challenge to United States Diplomacy, University of Notre Dame, 1963) establece su opinión al respecto manifestando: “Never reliably confirmed, and indeed quite effectively denied, these rumors nonetheless were, and still are, widely believed in Chile.”

Una apreciación objetiva del ofrecimiento que Pitkln dice haber recibido de Zeballos se concreta a la mención de un apoyo rnoral. Enunciado que lo limita a un gesto amistoso hacia los Estados Unidos, exento de un compromiso efectivo. Las referencias a una colaboración con alimentos se relacionan con el caso de una guerra la que, según las comunicaciones del representante dipIornático argentino en Washington,
no tendría lugar. Era por otra parte obvio que Chile evitaría un conflicto armado—tal como ocurrió en los hechos—con una potencia de tan superior nivel militar.
“No estaba el gobierno de Buenos Aires en condiciones de permitir el paso de fuerzas norteamericanas por el territorio nacional. . . .
Esa autorización sólo el Congreso podía concederla.”

El Ministro Quesada negó reiteradamente en sus memorias diplomáticas y en declaraciones públicas haber recibido instrucciones para proponer a la Secretaría de Estado una alianza, lo que hubiera ido contra sus convicciones más arraigadas y su pensamiento íntimo sobre el desarrollo del proceso diplomático generado por el íncidente de Valparaíso, según está documentado en sus informes reservados remitidos a la cancillería argentina.

No estaba el gobierno de Buenos Aires en condiciones de permitir el paso de fuerzas norteamericanas por el territorio nacional como se asevera en algunas publicaciones. Esa autorización sólo el Congreso podía concederla. Un antecedente, que estaba vivo en el recuerdo público, pone en evidencia la imposibilidad de que se pudiera obtener un permiso parlamentario de esa naturaleza. Pocos meses antes, el Ministro de Chile había requerido autorización para que tropas de su país, que participaban en la guerra civil, ingresaran al territorio argentino con la intención de cruzar la cordillera de los Andes. La respuesta fue favorable a la solicitud del representante chileno bajo la condición de que el tránsito de esos contingentes se efectuara sin organización militar y desarmados sus integrantes. No demoró el gobierno en tomar conocimiento que no se cumplían en forma cabal esos requisitos, circunstancia que obligó a las autoridades a interponer una protesta oficial.

Este episodio originó apasionadas discusiones. Desató la publicación de artículos con serias imputaciones a las autoridades en la prensa periódica y motivó vigorosos ataques al gobierno en la Cámara de Diputados y en el Senado Nacional. Los debates parlamentarios se desarrollaron en jornadas en que la oposición censuró con virulencia a la conducción diplomática del asunto. Frescos los múltiples enfrentamientos que originó un caso en que la autorización se hizo a tropas inermes y desarticuladas en su estructura militar, no era plausible que repitiera el gobierno la experiencia con el agregado, esta vez, de conceder el ingreso a unidades en la plenitud de su estado militar, listas para entrar en una misión.

Como un calco de las inexactas versiones que circularon con motivo de la tensión generada entre Chile y los Estados Unidos, se difundió el rumor de que existía un acuerdo por el cual el Perú daría asistencia a los Estados Unidos en el conflicto contra Chile para obtener en compensación los territorios que perdió en la Guerra del Pacífico. El representante peruano en Washington al comunicar a su gobierno estas referencias subraya la falsedad de las mismas en términos categóricos.

Las versiones que entonces tomaron vuelo constituían un recurso no infrecuente en las operaciones que se cumplen en la arena internacional.

El caso Baltimore en su compleja estructura dialéctica tiene un particular interés en cuanto ofrece un ejemplo ilustrativo del empleo de los medios diplomáticos y militares en el manejo politico de una crisis internacional.





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