Como otros estilos artísticos iniciados en Europa, el neoclasicismo tardó en llegar a Hispanoamérica. A lo largo del siglo XIX, se vio un incremento en la incorporación de símbolos y motivos de las culturas clásicas griegas y romanas a la arquitectura del Nuevo Mundo. Así, las fachadas con frontones griegos (con sus tradicionales columnas dóricas y jónicas), las cúpulas y bóvedas romanas acabaron sustituyendo a los elementos decorativos del barroco.

En Hispanoamérica como en Europa, la arquitectura neoclásica fue favorecida por las clases más altas a la hora de construir sus casas y palacios. Sin embargo, el estilo llegó a su apogeo en el siglo XIX cuando, una vez ganada su independencia, los nuevos países recurrieron a la construcción de edificios públicos (museos, teatros, escuelas, etcétera) para afirmar su unión y fuerza nacional.

 

Casa del Conde de Rul y Valenciana, Guanajuato, México (finales del siglo XVIII)
 

Teatro de la Paz, San Luis Potosí, México (finales del siglo XIX)
 

Museo Nacional de las Máscaras, San Luis Potosí, México (1894)